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miércoles, 23 de abril de 2008

Me siguen llamando Burn

Las mujeres me dan la vida en esta ciudad, hay millares de mujeres de todas las clases, formas, colores, pero las que más me gustan son aquellas de mirada penetrante e inocente y con una sonrisa pícara.

En la discoteca que trabajo, pasan muchas mujeres a mi lado, me saludan, algunas me provocan, otras simplemente intentan persuadirme para que las deje pasar sin pagar y algunas se limitan a ignorarme por miedo a que las pida el D. N. I.

Dicen los que me conocen que tengo buen ojo a la hora de elegir con quien compartir mi tiempo libre, pero no estoy muy de acuerdo. Ya que siempre me suele salir el tiro por la culata.

No soy una persona muy constante en casi nada relacionado con las relaciones sociales, tampoco es que desee mantener relacionas duraderas con el sexo opuesto. Entre mi trabajo , los estudios y demás no tengo muchas ganas de tener la cabeza ocupada con más cosas.

Pero a veces, lo necesito. Necesito escapar de mis tareas diarias y entonces allí están ellas...Lindas, hermosas, que esperan que este portero de discoteca las sorprenda de alguna manera.

Me llaman Burn, por que ando casi siempre quemado, marchito, quejándome de aquello que me preocupa. Pero hoy, he decidido que debo de cambiar esta parte de mí, darme una oportunidad y seguir... Seguir... Y dar un giro de 360º, para ya no volver a decir que ando perdido en esta ciudad sin límites, en este centro neurálgico de un país lleno de alegría, fiesta, color y sol. Mucho Sol.

lunes, 14 de abril de 2008

Me llaman Burn

Ando perdido en esta ciudad, Madrid. Madrid tierra de oportunidades y de escasez de sonrisas.

Llegué un lunes como hoy, para intentar encontrar un trabajo digno, pero lo único que he conseguido es ser portero de discoteca. Nunca me quejo de mi sueldo pero sí del tipo de trabajo absurdo y mediocre que he de realizar durante cuatro largas noches.

Mi trabajo como todo el mundo sabe, consiste en la seguridad del local, por ello he tenido ya varias bajas por heridas considerables. Incluso alguna vez, no he tenido más remedio que repartir por doquier algún que otro puñetazo. Mientras tanto estoy estudiando empresariales, solo me quedan dos año por acabar, estoy solo a un paso de ser millonario. Si, siempre he sido bastante positivo y sé que lo conseguiré.

Hace tiempo cuando entre de portero en un casino, decidí que mi empresa se basaría en el ocio, es lo que más dinero deja sin duda y es lo que en realidad quiero hacer, aunque es duro y hay que dar todo el tiempo del mundo si lo que quieres es que te vaya medianamente bien.

La peor parte de ser portero, me la lleve un sábado. Un día un tipo con navaja se emprendió a cuchilladas conmigo, una me rozo el costado izquierdo y otra la pare con la mano, no me ha creado mas secuela que una cicatriz en la palma, lo curioso es que aún teniendo cicatriz han vuelto a resurgir mis líneas de la mano, aunque a penas son inteligibles. La cuestión de que este tipo decidió marcarme de por vida aún no lo sé, dicen mis compañeros que quizás me confundiera con un portero que había anterior a mi. Supongo que en el juicio todo saldrá a la luz pero aún no sé ha celebrado.

Este chico de unos 22 años era ecuatoriano, bastante robusto, si, recuerdo que tenía una camiseta roja, unos hiper-vaqueros anchos y una gorra azul marina. La gorra quedo allí tendida en el suelo, pisoteada, sucia, como si fuera un papel más en la ennegrecida acera, o un flayer de esos que reparten para captar clientes.

Por todo esto y muchos más hechos que me han acontecido hasta el momento, ando a la retaguardia cuando hago mi labor por la noche y no perdono ni una. A veces solo trata uno de sobrevivir, otras me da tiempo a conocer chicas, persuadirlas y llevármelas a la cama. Esa es la mejor parte sin duda de estas noches madrileñas que me traen de cabeza.
Ando perdido, perdido en este mundo dispar, sino es por las mujeres creo que mandaría todo a la mierda.